14 abril 2006

No era todo, pero era algo. Aunque no más que un comienzo, sí lo suficiente para no querer perderlo. Ese gris estaba empezando a tomar color. Cálido. Tierno. Sencillo. Hasta dulce, diría. Y de a poco, de pronto, se fue apagando, decolorando. El arcoiris que producía esa presencia se tornó incolora, pero no ausente. Presencia indiferente que no ve, que no se ve. Pero se siente. Pero que duele.