Pudiendo recordar, ahuyenté al olvido...
Y volvió a mi memoria esa relación, tan linda, lejana, extraña...
Soñando sus sueños, riendo su risa, lo siento conmigo, tan cerca... tan tierno, tan lindo.
Me acaricia el alma con sus dulces palabras, me alegra el momento y a la distancia lo siento a mi lado.
Dos encuentros cercanos, varias cercanías lejanas y esa poderosa sensación de conocerlo desde siempre, sin saber por qué siquiera.
¿Por qué esa atracción sofocante, idealizadora, intelectual? No lo entiendo. Desearía saberlo en este instante.
Habiendo tantos desconocimientos respecto del otro, la distancia misma nos separa; hay algo detrás, oculto, misterioso, profundo, que nos ampara. Nos aplaca.
Aunque, sin más, quizás son sólo ideas vanas de quien expresa estas palabras.
No me avergüenza admitirlo.
De hecho, es ésto lo que me pasa. Es mía la sensación de que se acortan distancias. Así como también los interrogantes de esta relación tan extraña, que -a la vez- me da tanta calma, alegría, ansias.
Preguntas formuladas que -tal vez- nunca serán contestadas; pero que fueron -quizás- un pensamiento en voz alta.

