Hay veces en que pienso rendirme.
Intenté tantas veces y perdí que, una vez más, da lo mismo. Aunque... el después, es un abismo.
Otras veces pienso en que no vale la pena, en que valgo un poco más como para andar derrochando tiempo y energías en idiotas circuntancias pasajeras.
Después de tantos golpes, de tanta soledad, se necesita sentirse valorado; al menos ínfimamente querido, o pensado. Quizás extrañado.
Y, mientras tanto, me aletargo en una eterna espera. Otras veces, me veo inmersa en un nuevo comienzo sin vistas a futuro, con ilusiones que nacen y -repentinamente- mueren.
Las esperanzas, aún están. Es lo único que tengo . A pesar de todo, seguiré intenando.